MEDIOAMBIENTE Y TURISMO

En los últimos años, el modelo de crecimiento turístico en la Comunitat Valenciana apunta tímidamente hacia un nuevo modelo, básicamente sustentado por los recursos naturales y el patrimonio cultural de los municipios de interior.

En paralelo a esto, asistimos a un retroceso medioambiental irremediable de nuestras comarcas de interior ya que el nivel de abandono del paisaje rural es ya un hecho. Existen cientos de poblaciones rurales que asisten no sólo a una reforestación de antiguos paisajes agrícolas sino también a una pérdida constante de la población activa.

Es evidente que el modelo de desarrollo, por llamarle de alguna manera, que existía hace media década, ya no volverá. Es imperativo  plantear propuestas sostenibles para aprovechar un caudal inmenso de recursos naturales y culturales y a la vez evitar el sangrante desequilibrio territorial de la población valenciana, concentrada en grandes áreas a costa de tener a una inmensa porción del territorio deshabitada.

Es frecuente, a menudo, volver la mirada a otro lado para comprobar otras experiencias de desarrollo y así emular proyectos de desarrollo positivas. Así, podríamos comprobar que en Francia, por ejemplo, no se asume el despoblamiento como respuesta a la búsqueda de nuevas oportunidades. Desde la iniciativa privada y con políticas públicas realmente activas, se potencia de manera sistemática la imagen del territorio para atraer turismo en cualquiera de sus segmentos: familiar, ornitológico, gastronómico, cultural, etc.

El medioambiente es una oportunidad para nuestras comarcas de interior y el turismo es la herramienta para potenciar las escasas posibilidades de los municipios rurales. La administración pública ha de ser consciente de esta realidad y articular medidas efectivas para crear/generar una auténtica imagen de marca en la que el turismo y el medio ambiente vayan de la mano.

Robert Rodrigo

Colaborador RePTE

CULTURA Y PAISAJE: hacia una estrategia global de marketing territorial

En este post lo que pretendo es enfatizar o resaltar la importancia de los procesos que definan las identidades culturales de un territorio de modo que nos permitan establecer estrategias globales y transversales para la puesta en valor, divulgación, difusión y creación de “productos” asociados a dicho territorio.

En 2008, la ratificación del Convenio Europeo del Paisaje por España marcó una inflexión en la forma de percibir la promoción del territorio y sus estrategias de desarrollo. En efecto, el texto europeo define el paisaje, como “…cualquier parte del territorio tal como la percibe la población…”; es, por consiguiente, una “percepción” que viene a representar algo como una emanación intangible del territorio; intangible y también subjetiva, ya que no todos percibimos por igual.

Y también establece el Consejo de Europa que “el paisaje es una noción cultural”,  de forma que los valores que entraña, así como las estrategias y metodologías para su puesta en valor, deben dejar espacio al ámbito profesional de la Cultura.

La actividad de protección del patrimonio natural y cultural adquiere con estas nociones una nueva complejidad que hace del propio paisaje el objeto de la protección, como simbiosis de elementos medioambientales, agrarios, geográficos, históricos, botánicos, monumentales, antropológicos etc… evidenciando el enfoque multidisciplinario que debe vertebrar las actuaciones que se lleven a cabo, ya sean de protección, de valorización o difusión, o de promoción económica.

Así, la enorme heterogeneidad de los elementos que conforman la realidad paisajística, exige que las estrategias que se lleven a cabo no puedan diseñarse sin la participación consensuada de profesionales de diversos ámbitos y, por supuesto, de todo el espectro de partes interesadas: desde la administración hasta el tejido asociativo del territorio, desde el sector primario al sector de los servicios, desde los agentes sociales a los partidos políticos…